El ciclo del cambio

4 04 2014

Ante una situación de crisis, el estado de bienestar se rompe abriendo paso a una fase de negación de la realidad en la que se intenta que todo permanezca igual que antes.

El estado de bienestar es aquel en el que las cosas me gustan como están: el trabajo me ofrece las experiencias que deseo; la pareja que tengo es la pareja que quiero; encuentro apoyo en mis amigos. Si tengo barco, salgo a navegar sin pensar en que haya barcos mejores, y me centro en disfrutar del viento, del sol y el mar. Todo transcurre de forma tranquila y placentera.

Pero las cosas cambian… y llega una crisis. Un punto de no retorno que hace que las cosas no sean igual. Si es una crisis traumática, la fase de negación ante el cambio es más corta porque la realidad resulta innegable. Pero otros cambios, como una crisis de identidad, suelen ser lentos y acumulativos. Algo va mal, después vuelve a ir bien, aunque no del todo…

Un ejemplo: mantengo una fuerte discusión con mi pareja, tras lo cual todo parece volver a la normalidad pero llega otra discusión más fuerte que la anterior, y otra… y otra…  Y la unión que mantenía se va debilitando hasta que me doy cuenta de que las cosas no son como solían ser. Y la relación se deteriora, no de forma drástica pero sí con tantos altibajos que ya no estoy disfrutando de la relación como antes, aunque aún permanezco en esa fase donde creo posible mantenerme en un esfuerzo medio relajado. Me digo a mi misma que la relación aún resulta lo bastante aceptable porque, total, en las relaciones siempre surgen fricciones.

Anclado en la negación sueles resistirte a la realidad; si sales de la negación puedes ser capaz de ver que lo antiguo no sirve y moverte hacia la renovación, donde encuentras la inspiración para emprender nuevos caminos, y donde aparecen posibilidades entre las que escoger siguiendo parámetros de realismo y motivación. El llamado efecto “ajá” que es lo que nos puede impulsar de nuevo hacia el bienestar.

Ante cualquier cambio, y  para salir de la crisis, existe un punto crítico desde donde poder saltar al siguiente nivel porque transitamoss en cuatro ciclos: bienestar, negación, confusión y renovación. Esto puede  transcurrir en horas, si se trata de una decisión, o en años si es una crisis de identidad. En la fase de bienestar donde parece que estar ahí es sentirse razonablemente bien, donde si tu estás bien yo estoy bien, y donde no quiero cambios porque las cosas como están ya me sirven, la pregunta a hacerse sería: ¿es ya suficiente?

En la fase de negación, donde los sentimientos no están claros pero existe control, tensión, irritación, no quieres cambiar pero te sientes prisionero de la necesidad y no ves alternativas, la pregunta sería: ¿qué parte de mi realidad no me gusta y no afronto?

En la confusión, te sientes enfadado o triste, y temes que tus emociones te desborden. No sabes cómo actuar pero sabes que hay algo que cambiar, la pregunta sería: ¿qué tengo que soltar, cuál es mi deseo oculto?

En el último ciclo, la renovación, te abres al cambio, expresas sentimientos de forma libre, y aparece el deseo de que aparezcan cosas nuevas en tu vida. Y aquí la pregunta sería: ¿a qué me comprometo?  Es el salto a la fase de bienestar. Cuando uno se encuentra en un estado de satisfacción, la puerta permanece abierta; cuando estás en la fase de negación o resistencia, congelado, y sin dar el paso de afrontar la realidad, la puerta está cerrada, negándote la posibilidad de renovar tu vida y sentir bienestar.

Es el ciclo del cambio y nos movemos del contento a la pérdida, negando lo que se desmorona para mantener un status quo que sólo finaliza al aceptar la evidencia de la realidad y querer abrirse a nuevas posibilidades. Entender este ciclo puede ayudar a enfrentar cualquier cambio, tanto personal como organizacional. Todo parte de querer, poder y atreverse a dar el salto al siguiente nivel. Todos tenemos los motivos más extraordinarios para querer ir hacia delante cuando se trata de buscar cosas como la felicidad o dar sentido a nuestra existencia. Lo contrario no es más que una excusa para no cambiar.

Libro recomendado: “The four rooms of change” de Claes Janseen

 


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