Derribar barreras

1 12 2013

Estos días he tenido oportunidad de ser testigo de cómo las emociones que somos incapaces de gestionar, desbordan y conducen al conflicto en nuestras relaciones.

Los aspectos disonantes en una relación se manifiestan cuando no somos conscientes del impacto de nuestros actos y palabras, generalmente guiados por una percepción distorsionada y subjetiva de la realidad.

Gottman enunciaba cuatro tipologías típicas de comportamiento en nuestras relaciones: crítica, ponerse a la defensiva, sarcasmo y amurallamiento.

Según las circunstancias, todos podemos situarnos en cualquiera de estas perspectivas, si bien suele haber una predominante, que surge de manera espontánea en nuestras interacciones, según el carácter, experiencias y circunstancias. Ninguna es mejor o peor ya que permanecer en cualquiera de ellas resulta igual de nocivo para las relaciones.

Cuando culpabilizamos a otros de lo que nos sucede solemos entrar en la crítica o en la queja. Criticamos cuando nada nos parece suficiente. Y también conviene diferenciar entre una queja y una crítica. La queja es sobre una comportamiento y la crítica sobre la persona.

Ponernos a la defensiva es otra forma de culpar e implica una falta de entendimiento. Implica pretender estar por encima del conflicto cuando en realidad se es parte del mismo. Cuando decimos que la culpa no es nuestra estamos diciendo que la culpa es del otro, lo que hará aumentar las diferencias ya que, quien ataca,  ni retrocede ni se disculpa.

Además de menosprecio, el sarcasmo incluye desdén y cinismo. Es un humor ácido y hostil. Es el más dañino de todos los comportamientos porque evita entrar en contacto con los sentimientos y puede derivar en problemas físicos. Surge de no resolver las diferencias de forma regular y de ir cociendo “a fuego lento” pensamientos acerca de alguien.

Cuando no decimos lo que pensamos y decidimos no hablar, el resultado es que nos amurallamos. Ponemos distancia, sin decir lo que pensamos y hasta llegar a cortar la comunicación. Hay miedo, por lo general irreal, a manifestar lo que se piensa y se pone la barrera de la distancia.

Cualquiera de nosotros puede moverse en uno o más de estos comportamientos, que afectan a nuestras relaciones, tanto en el entorno personal como el profesional.

Centrarse en como se quiere ser, con independencia de lo que haga el otro, facilitaría el camino. También encontrar la forma de mantener conversaciones de apreciación cuando algo no funciona en una relación, o en un equipo, son una forma de abrir ventanas y alejarse de comportamientos nocivos.

Derribar barreras en nuestras relaciones implica comenzar por reconocer cuál es nuestro comportamiento cuando surge un conflicto y ser consciente de lo que hay detrás de nuestra reacción, sin juzgar ni tratar de evitarlo, porque empezar por darnos cuenta de nuestro mecanismo de actuación, nos ayudará a evitar la repetición y, por tanto, que nuestras relaciones se intoxiquen por la reiteración de comportamientos nocivos.

Por otra parte, algunos de los problemas en las relaciones no pueden resolverse aunque sí gestionarse. Detrás de la queja suele haber siempre una petición no expresada y, en una relación detrás de esa queja suele haber un sueño frustrado. La empatía para ver lo que hay detrás de la queja, lo que esconde, ayuda a entender al otro, y minimizar y suavizar el campo emocional de la relación.

Gottman, propone un ejercicio excelente para trabajar el campo emocional y es recrear sentimientos positivos en torno a las personas con las que nos relacionamos. Volver a recuperar el sueño inicial que ha perdido intensidad con el paso del tiempo. Por ejemplo, lo que nos atrajo de esa persona cuando la conocimos, lo que valoramos al principio de estar juntos, lo que aprecias de esa persona ahora, lo que hay de único en esa relación, lo que de verdad es importante para ti.

Se trata de buscar la mejor forma de recrear sentimientos positivos que te ayuden a impulsar de nuevo tus relaciones, y permanecer atento a los comportamientos nocivos que las enturbian.

Lo que cuenta es poner atención a nuestro comportamiento y reconocer dónde nos posicionamos: la culpa no es mía, llevo razón, paso de ti…  ya que será la manera de aprender a contrarrestarlo desde la aceptación, la empatía o el cambio de perspectiva. Difícil pero no imposible si lo que queremos es mantener unas relaciones fluidas y sanas.


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