A tu manera

6 04 2013

Preguntar qué disciplina, técnica o sistema es lo más efectivo para resolver un problema o una situación, es pretender obtener  respuesta a si es mejor vivir en el mar, la montaña o la ciudad; la música clásica, el pop o el flamenco; viajar en tren, avión o coche; el yoga, el chi kung o el pilates; acupuntura, masajes o homeopatía… porque  hay tantas opciones como posibles preferencias y situaciones, y tampoco significa que unas deban excluir a otras.

Lo que importa es identificar cuál es tu necesidad, tu deseo; sentir cómo te gustaría abordar su resolución e informarte de cuáles son las posibilidades a tu alcance. Igual que cuando quieres hacer un viaje. Primero, surge la idea, o el deseo de ir a un lugar, y piensas el tipo de viaje que te gustaría, y buscas, preguntas, comparas la mejor forma mejor de llegar y estar, de acuerdo a tus gustos y posibilidades.

Con un problema la dinámica es parecida aunque, cuando uno tiene una dificultad, generalmente no ve más que una cosa en su cabeza: “el problema”, lo que dificulta mirar hacia otras partes para descubrir  posibles vías de solución. Yo diría que, ante una situación así,  lo importante no es tanto el camino que se escoge sino escoger alguno; el primero que se vea delante porque cuando uno se pierde, quedarse parado, esperando a que otros le rescaten, puede ser arriesgado: te puedes morir de frío, de  hambre, de tristeza, o de todo al tiempo. Si, en vez de pararte, te pones a caminar es probable que, en algún momento, aparezcan ante ti senderos y bifurcaciones que te permitirán llegar a algún sitio donde encontrarte a salvo.

Vivimos una época donde las posibilidades a nuestro alcance son múltiples y, sin embargo, parecemos perdidos. Y esto me recuerda a lo que oía decir a mi padre cuando, impaciente, esperaba a que nos vistiéramos para salir: si sólo tuvierais un par de cosas en el armario no tendríais problemas con qué poneros.  Y no creo que sea tanto un problema de cantidad como de respirar qué es lo que deseamos, qué queremos ponernos debajo y encima;  eso que necesitamos para sentirnos a gusto.

Desde luego,  hay actividades más propicias que otras para lo que cada uno necesita, aunque lo recomendable sería  hacer  antes una revisión de las áreas de nuestra vida donde podría ser necesario actuar. ¿Es paz y armonía lo que necesito? : yoga, meditación, chi kung… ¿Es traer más emoción, pasión, o aventura?: sexo y rock&roll, vela, parapente, viaje… ¿Es despertar la creatividad y la expresión? (pintura, diseño, escultura, escritura… ¿Es conocerme mejor y gestionar mis emociones? : coaching, bioenergética, gestalt… ¿Tener salud, comer y dormir bien? : reiki, masaje relajante, dieta sana, visualización guiada… ¿Es sentirme útil, activo y despierto? :trabajar, caminar, correr…

Hay a nuestro alcance tantas herramientas como necesitemos. Empecemos por identificar qué queremos, qué nos hace sentir bien y qué implica eso; qué tengo que dejar de hacer o  empezar a hacer de manera distinta; qué pasos estoy dispuesto a dar para encontrar ese camino donde sentirme bien. Y, luego, realizar esas actividades que me acercarán a ese estado que quiero alcanzar.

Los testimonios o experiencias de otros pueden ayudar a identificar posibilidades, aunque lo que más pude servir es explorar y probar uno mismo. Esa será tu experiencia única, la mejor para ti.  A tu manera.


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