¿Deseo, de verdad, ese objetivo?

1 01 2013

Estamos en ese momento donde todos nos planteamos objetivos nuevos para el Año que entra. Ya sabemos de la conveniencia de elaborar una lista de propósitos que queremos llevar a cabo; sin embargo, lo que no solemos hacer es el ejercicio previo de analizar si lo que pedimos lo deseamos profundamente. A veces, perseguimos objetivos que no deseamos, y lo que realmente nos gusta es luchar por conseguirlos o, bien,  en nuestro interior, existe la creencia de no sentirnos merecedores de conseguir aquello que anhelamos.

¿Cómo tener claro lo que queremos? La intención es lo más importante y empieza por el deseo. Hay que sentir un verdadero deseo de crear o tener lo que queremos materializar. La palabra deseo es una sensación intensa y clara de albergar un propósito, no un deseo ansioso o una dependencia. Entonces, lo primero que nos tendríamos que plantear es: ¿de verdad, deseo en mi corazón que ese objetivo se realice? Segunda cosa que es desarrollar la confianza. Cuanto más confianza se tenga en el objetivo elegido y en la posibilidad de alcanzarlo, más seguro se estará de conseguirlo. La pregunta que hay  que hacerse es: ¿realmente creo que me va a ser posible conseguirlo?

Y, por último, estar dispuesto a aceptar lo que se pretende. Cuántas veces queremos algo y cuando lo tenemos ya no nos interesa, o la responsabilidad de tenerlo nos abruma.  Entonces, ¿estoy totalmente dispuesto a tener lo que pido, con todas sus consecuencias?

Cuanta más clara sea nuestra intención, más rápido y fácil será que el universo se ponga en marcha para ayudarnos a conseguirlo. Una vez hayamos hecho sea ejercicio podemos visualizar lo que deseamos, imaginando, recreando la escena como si ya lo tuviéramos y actuando nosotros en ella.

Si tenemos clara nuestra intención, no puede dejar de hacerse realidad y, si no estamos convencidos, pensemos en algún momento de nuestro pasado, donde conseguimos algo que deseábamos tener. ¿Cómo sentíamos ese deseo en nuestro interior; cómo de confiados nos sentíamos y cómo de dispuestos para afrontar su llegada? Eso mismo, es lo que tenemos que traer a nuestro momento actual a la hora de abordar nuevos deseos para el Año.

Cuántas veces decimos nuestra intención en base a lo que queremos dejar y qué poco en base a lo que queremos lograr.  En vez de decir voy a dejar de….  Nuestro deseo podría ser voy a empezar a: respirar mejor, estar más ligero, estar más relajado, contar con más energía, disponer de más recursos, disfrutar de la actividad que hago, etc.

Recordemos que todo cuando creamos primero lo hacemos en forma de pensamiento. Entonces, lo primero y más importante es observar la forma en la que pensamos. Qué actitud de pensamiento mostramos de forma habitual: optimismo, seguridad, confianza o negatividad, inseguridad, incredulidad, indiferencia. Porque eso es lo que nos va a dar la clave de por qué es más o menos difícil hacer realidad nuestros deseos.

Una vez clarificada nuestra intención –deseo, confianza y aceptación- algo fundamental es no aferrarse a lo que queremos; se trata de relajarse, ya hemos sembrado, y dejar que el proceso siga su curso sin obsesionarse con el resultado. Dejar de hacer y dedicarse más a ser. Hay una metáfora que expresa esto con mucha claridad:

“Imaginemos que la vida es un río. La mayoría de la gente se aferra a la orilla, temerosa de soltarse y arriesgarse a ser arrastrada por la corriente. En un determinado momento, debemos estar dispuestos a soltarnos en la confianza de que el río nos lleve sanos y salvos. Si es así, es porque hemos aprendido a “dejarnos llevar por la corriente” y es una sensación maravillosa.

En cuanto soltamos nuestras ataduras y nos acostumbramos al fluir de la corriente, podemos mirar hacia delante y marcarnos nuestro propio rumbo, sorteando obstáculos –siempre aparecerán pero los reconoceremos- y adentrándonos por los canales, los brazos del río que prefiramos si, por ello, dejar de ir con la corriente”.

Es el primer día de un Nuevo Año, y un buen momento para soltar ataduras y fluir con la corriente. ¿En qué podemos disfrutar siguiendo el curso de lo que es y, al tiempo, dirigirnos hacia nuestros objetivos poniendo toda nuestra intención en lo que deseamos que sea nuestra vida?

No olvidemos la confianza y la fe en lograr nuestros propósitos: “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.” Mateo.

Dejemos que la vida nos bese.

 

 


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