Entre encinas y bellotas

15 10 2012

Lo abstracto, lejos de lo que se suele pensar, no es un extremo contrario a lo concreto sino un punto en movimiento donde lo concreto aún no se ha producido. Podrían parecer términos antagónicos aunque en realidad no son excluyentes, y uno no elimina a otro sino que estar en uno de los lados significa un momento de desarrollo para el otro.

Un filósofo comparaba lo abstracto y lo concreto con la encina y la bellota (creo que también podría compararse con la gallina y el huevo,aunque esto no sé si lo ha dicho algún filósofo) y, sinceramente, creo que este tipo de debates podrían convertirse en objeto de reflexión en las tertulias, más que nada por salirnos del encasillamiento dialéctico tan monotemático que venimos escuchando a todos horas en los medios y en la calle. También por ver si conseguimos, a un tiempo, encontrar un equilibrio entre las partes (¿consenso?) ya que ambos no sólo se complementan sino que forman parte de un mismo proceso. Vaya, que no existiría lo abstracto sin lo concreto. Porque en la vida, comenzando por el hombre y la mujer, todo es dual.

Me explico. Resulta que hemos pasado de épocas en las que la abstracción –la concentración en una forma de pensamiento parecía alejar de la realidad  y producir un ensimismamiento paralizante (freno de la acción necesaria para avanzar) y de donde se salía tan sólo a fuerza de revoluciones (personales o sociales) para pasar un modelo, el actual, donde se ha instalado un culto por la concreción, feroz e indiscriminada, que se traduce en que  todo lo que no sea llevado a resultados no resulte válido. Es decir, que si una encina no produce bellotas, para qué vamos a querer un encina cuando lo que realmente importa son las bellotas que sirven de alimento a cerdos de pata negra quiénes, por cierto, comen todo lo que se les eche.

En abstracto, aparece la idea y luego debe darse la acción necesaria para que adquiera forma. Si quiero ser madre, me adentraré por un camino que me conduzca hasta tener un hijo, la concreción de mi abstracción inicial que es el deseo de ser madre. Se podría pensar que siempre que hay una concreción es que antes ha habido una abstracción aunque también me surgen numerosas dudas al respecto porque, cuánta gente se encuentra con un hijo sin haber pensado inicialmente ser padre/madre. Cuánta gente se encuentra con la aplicación de medidas económicas/sociales de las que no había sabido antes porque no estaban en el programa político del partido al que votó. Y, cuánta gente quiere tener o hacer algo, no porque lo haya pensado o deseado antes, sino porque se lo han contado otros o lo ha visto anunciado. Esto podría dar que pensar que estamos más en la concreción que en la abstracción, o simplemente que predomina la insensatez y actuamos motivados por obtener (lo que sea). Sin embargo, como decía al comienzo, no son polos opuestos sino origen y resultado. Y, una vez más, la balanza en nuestra sociedad y actuaciones se encuentra  bastante desequilibrada. Estamos en una época en la que nos hallamos tan centrados en la acción, en conseguir resultados, que nos detenemos muy poco a considerar el origen, qué  parte de la acción es necesaria, qué hay detrás de ello, y para qué queremos lograrlo. Muchas veces centrarse sólo en los resultados puede convertirse en una obsesión por actuar que puede impedir disfrutar del camino porque hay que coger un tren por no perderlo, (¡es el tren el que se suben todos!) sin abstraerlo a su utilidad, a sentir dónde queremos realmente llegar, o si el recorrido que lleva ese tren va a permitirnos disfrutar del viaje o, por el contrario, vamos a estar deseando que concluya el trayecto, para apearnos y coger otro, y pasar  la vida buscando “el país de nunca jamás”.

Si nos quedamos en lo abstracto, nunca llegaremos a saber si algo pudo ser.  Si vamos derechos a lo concreto, sin abstraerlo al motivo, o la utilidad, tendremos mucha acción aunque probablemente viajemos algo insatisfechos, cómo si nos faltar algo. Un para qué. Porque ¿tendría sentido separar una bellota de la encina, o un huevo de la gallina?.

Todos queremos hacer realidad nuestros sueños, ¿si, verdad?  aunque, primero, digo yo, habrá que abstraerse, y bucear en el sueño hasta darle sentido, y después concretarlo.


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