Y, tú ¿esperas o pedaleas?

24 10 2011

El otro día escuché a alguien decir: “te echaría de menos aun sin conocerte” y no pude remediar sentir un sobresalto  inesperado de emoción (la falta de costumbre, creo) aún a sabiendas de que, una muestra de reconocimiento y aprecio así, si no se apoya en un gesto  algo más concreto no deja de ser sino un cumplido bonito que agradecer e inmediatamente olvidar para no elevarlo a la categoría de expectativa.

Si hay algo con lo que últimamente estoy reñida es con las expectativas. Cuando tenemos expectativas solemos esperar que sucedan las cosas como las hemos imaginado; algo que sólo está en nuestro pensamiento y que nadie más conoce. ¿Qué ocurre entonces cuando esas expectativas no se cumplen tal como nuestra mente las ha proyectado?: ¡¡¡que nos sentimos frustrados!!!

Y mi reflexión es ¿cómo es que nos sentimos frustrados por no conseguir algo que es un pensamiento que ni siquiera hemos sido capaces de expresar, contrastar o contribuir a que suceda?  ¿O es que creemos que sólo con imaginar es suficiente?  Una expectativa es esperar y como dice el dicho “quién espera…  ¡¡¡desespera!!!“ Y no es para menos.

¿Has percibido alguna vez lo distinto que resulta un deseo de una expectativa? En lo primero hay pasión, motivación, involucración y acción; en lo segundo hay fantasía, idealización, pasividad. espera; una imagen producto de un pensamiento que esperamos suceda  tal cual lo hemos ideado en nuestra mente.

Cuando uno desea algo puede que no lo consiga pero intentarlo nos ayudará a averiguar si es factible o no, en cuyo caso la energía se puede reconducir hacia otra dirección. Una expectativa es una hipótesis porque no se pregunta ni se contrasta si lo que se piensa es verdad. ¿Cómo sabes que es verdad lo que piensas si no preguntas? Se da por hecho porque está en nuestra cabeza y, claro, la otra parte (de la expectativa) tiene que saber  lo que quieres y estás pensando aun sin decírselo. Sí, ¿no? ¡qué menos!

Cuando no trasladamos nuestros pensamientos al campo de la acción no dejan de ser más que ideas, expectativas de algo que sólo uno conoce. Las palabras que no concuerdan con las actuaciones no son más que intenciones que se desvanecen  y apagan como la llama de una vela azotada por el viento. ¿Qué miedo hay a expresar lo que uno realmente desea? ¿No debería dar más miedo no llegar a vivir los deseos por  no expresarlos?

Toda intención requiere de acción para ser más que palabra. Como tantas veces oí decir a mi madre:  obras son amores, que no buenas razones. Esto es un refrán popular pero hay otra frase más actual de Stephen Covey, autor de los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, que tomo prestada y que ilustra también muy bien lo que quiero dejar reflejado aquí:

Tomar la iniciativa no significa ser insistente, molesto o agresivo.

Significa reconocer nuestra responsabilidad de hacer que las cosas sucedan.

 Entonces, ¿qué decides, esperar…  o tomar la iniciativa y pedalear hacia esa vida que deseas? 

Coldplay, y cómo no, para inspirarnos. Cool!


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