¿Discutirias con una gota de lluvia?

11 10 2011

Discutir es siempre algo doloroso al tiempo que inútil. En discutir hay siempre querer imponer un punto de vista y  pretender llevar la razón. Algo que inicialmente puede proporcionar un alivio pasajero aunque no demasiada felicidad porque quiénes consideras que no tienen razón no te pedirán disculpas ni harán que tus heridas desaparezcan. ¿Te has parado a pensar que la necesidad de llevar razón exige que haya alguien  que esté equivocado? Y no existe un único punto de visto correcto porque  lo más correcto es lo que se ajusta a tu percepción, y cada cual tiene la suya. Entonces ¿para qué discutir? Cuando se insiste en tener razón se crea antagonismo y rechazo; los mayores conflictos surgen por no entender que hay tantos puntos de vista como personas. Cuando se juzga a otra persona, se cuestiona lo que piensa o se le echa la culpa no nos centramos en nosotros mismos. Solemos creer saber lo que los demás deberían hacer, cómo deberían comportarse o estar cuando sobre nosotros mismos ni siquiera lo tenemos claro.

Lo que vemos es un reflejo de lo que pensamos por lo que nuestro mundo no es más que un proyección de nuestro pensamiento. Los pensamientos son como el viento, las nubes, la lluvia, las hojas de los árboles… Existen y aparecen, y  lo único que cabe es aceptarlo. ¿Discutirías acaso con una hoja o con una gota de lluvia?  Un pensamiento salvo que te lo creas es algo inofensivo; lo que nos hace sufrir es apegarnos a ese pensamiento como si fuera la única verdad. La mente siempre busca justificaciones, excusas; busca defender sus conceptos y  meternos por caminos que nos despistan. La única manera de detenerla es ser consciente de nuestros pensamientos y no luchar contra ellos; simplemente observarlos e indagar:  ¿Esto que estoy pensando es cierto? ¿Cómo puedo saber con certeza que eso es verdad?  ¿Cómo reacciono frente a ese pensamiento, qué ocurre dentro de mi. Siento ira, tensión, frustración, tristeza? Y ¿quién sería sin ese pensamiento y cómo sería mi vida entonces?

Lo que nos hace sentir mal es lo que pensamos y lo que otorgamos a ese pensamiento. Cuestionar lo que se piensa es una forma de meditación. Es investigar, es reflexionar, es conocer  y esperar a que las respuestas afloren desde el interior. Es permitir descubrir nuevas alternativas que nos eviten conflictos y nos traigan paz.


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