Encontrar tu “swing”

5 10 2011

El swing tiene su origen en el jazz y da también lugar a un baile característico. El término cuenta, además, con otras acepciones utilizadas en ámbitos como el deportivo, donde se asocia a un movimiento rápido del cuerpo que adopta forma de abanico para moverse en una dirección. Swing significa balancear, girar, oscilar… e implica ritmo, armonía.

En deportes como el béisbol o el golf  tener un buen swing es el resultado de conseguir mover  hombros, brazos y palo en un mismo plano, como si el palo fuera una extensión del brazo, y el resultado es una armonía de movimientos naturales en los que el jugador olvida su cuerpo,  y se dedica sólo a decidir y ejecutar donde enviar la pelota.

Se dice que alguien tiene o no tiene swing en función de una capacidad o don que hace que el movimiento resulte extraordinario, como bendecido por los dioses. Tener o no tener swing, o volver a encontrarlo, si es que se pierde en algún momento  -algo que algunos deportistas dicen haberles ocurrido-  es tan posible o imposible como saber aflorar una actitud armoniosa, elegante, una fortaleza diriase espiritual, que sale de dentro a fuera del cuerpo.

No tener swing es como decir que uno no ha sido agraciado con el don;  y perderle, si se ha tenido, es haber cortado la conexión con uno mismo. Aunque decir que se nace y no se hace sería como decir que quién no nace con una voz esplendorosa no podrá cantar nunca. Otra cosa es como cante y que entrene o no la voz.

Quizás podría contemplarse la posibilidad de que para conseguir algo habría que comenzar por abandonar tantos condicionantes procedentes de condicionales tipo “debería” o “tendría”, excusas para ni siquiera intentarlo,  o los “no puedo, o no sé”  -negación de las capacidades que uno cree no tener, o que no quiere creer que tiene; no sería nada difícil encontrar el swing o recuperarlo, si es que en algún momento se ha perdido.

Te propongo algo. ¿Qué tal empezar a buscar el swing que necesitas en tu vida?  Y para ello, ¿que pasaría si en vez de decir no sé, no puedo, empiezas a pensar en lo que tu corazón siente,  y, para variar, dices más a menudo:  “si sé, si puedo”. Y permites que suceda… y dejas que aflore tu swing, de forma natural y espontánea, sabiendo que no hay que aprender nada porque está ahí ya esperando a que te conectes y dejes salir el ritmo que hay dentro. ¿A qué esperas entonces? Swing, swing, swing..


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10 05 2015
Saturnina

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