¿Viajar o llegar?

26 04 2011

Qué insistencia y obsesión la de nuestra mente por llevar nuestros pensamientos a clave futura de “algún día” (someday, somehow) como si nuestro tiempo fuera ilimitado. ¡Ese día cuando conseguiremos lo que tanto deseamos!

Y, hasta que ese maravilloso momento llega, resulta que dejamos de mirar con atención  lo que hay a nuestro alrededor y nuestro presente más cercano se niebla y desdibuja al colocarnos las gafas de ver de lejos. Sí, algún día…  Algún día llegará el momento deseado.  Será entonces cuando acabaré  la universidad o el master; conseguiré un trabajo que me permitirá independizarme; conoceré a alguien con quien formaré una familia; habré podido ahorrar para comprar una casa; tendré unas vacaciones de ensueño y viajaré donde quiera; me habrán promocionado y ganaré una pasta. Escribiré un libro, perderé peso…  dejaré de trabajar y disfrutaré por fin… ¡Tantas cosas haré algún día!

A base de construir pensamientos futuros dejamos a un lado nuestro presente convencidos de que aún no ha llegado nuestro momento estelar.  Y mientras lo esperamos nos desesperamos porque nuestra mirada está puesta en un punto lejano, aún inalcanzable. Cuando finalmente llega ese día en el que conseguimos alguna meta fijada: ¡sorpresa!  la sensación de logro no es comparable al tiempo transcurrido, ni al esfuerzo que seguramente nos ha costado obtenerlo. En ese camino por el que hemos transitado hacia nuestro destino quizás hemos olvidado algo muy importante: el viaje y la riqueza que su trayecto nos puede mostrar y proporcionar. Aún cuando veamos algún paisaje bonito, nos llegue el aroma de alguna fragancia o saboreemos algo rico, las prisas por seguir y llegar hacia otra meta nos impiden disfrutar de cada geografía que encontramos, y de sus distintos y ricos matices.

Nuestro afán por llegar a un destino, y convertirlo en un hito, hace que no seamos conscientes de lo que tenemos cerca, y lo descuidemos porque no lo valoramos. ¡¡¡Esto ya lo he conseguido, a por lo siguiente!!! No hay que esperar llegar a algún destino para admirar y disfrutar la belleza que rodea nuestro viaje por la vida; ni esperar a que llegue el día adecuado para hacerlo. El momento es justo ahora.  Todo está aquí. Todo está en ti.

Sal fuera y contempla el cielo, la forma y tamaño de las nubes,  la luz y la tibieza del sol en tu piel, el olor de la lluvia, las hojas nuevas creciendo en los árboles…  Comparte tus risas, llantos, y abrazos con otros, con quiénes tienes cerca. Expresa tus sentimientos, abre esos ojos enormes,  y admira y ama cuanto hay alrededor. Es tan hermoso el trayecto, lo que vemos a nuestro paso, que vale la pena poner atención a cada tramo del camino y viajar sin pensar en la meta o el destino. Cuando lleguemos lo sabremos, y nuestro viaje podrá cesar entonces con la satisfacción de tener nuestros sentidos repletos de vivencias únicas e irrepetibles que suceden en este preciso instante.

¿A qué esperas para poner tu atención en el viaje que es vivir cada día? 


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