Adicción ¿A qué?

31 03 2011

Hábito malo, tarde es dejarlo dice un refrán. La resistencia al cambio es natural y bastante inconsciente. Esto ocurre con los hábitos y con las maneras de relacionarnos con los demás.  Existe una inercia difícil de controlar que nos impulsa a volver a lo que siempre hemos hecho porque es lo habitual, lo conocido, aun cuando a veces intuimos que nos sienta fatal. Cuántas veces hemos dicho, ¡qué gases me produce esta bebida,  me hincho como un globo! Sin embargo, al día siguiente se nos ha olvidado y volvemos a tomar lo mismo como si no nos importara sentirnos un globo pesado. Esto mismo nos ocurre con otros hábitos poco saludables (y no sólo físicos) hasta que un día, por fin, decidimos que ya es suficiente y nos ponemos manos a la obra para apartar lo que sabemos nos sienta como un tiro: una comida, una persona, una situación… Pero cambiar requiere mucha energía y mantenerse firme en el proceso de cambio. Además, hay que añadirle otro ingrediente muy importante: la motivación. Cuando decides cambiar algo, una parte de ti se pone en funcionamiento (la intención) pero si no se materializa (la acción) y no eres consciente de lo que hay detrás, que te empuja como una ola, una y otra vez hacia la misma orilla (el programa)  habrá cierta tendencia a reincidir en el hábito o, al menos, la tentación de hacerlo de nuevo (los fumadores sabemos lo que es intentar dejar de fumar). Todos tenemos adicciones. Limitadoras, todas. Perjudiciales, casi todas,  en función del extremo al que las llevemos y del impacto que tengan en nuestra vida. Una adicción enmascara  siempre alguna carencia. Y todos somos carentes en algo, ¡o en mucho!  Es una sensación de vacio inexplicable, que pretendemos tapar con algun aditivo, pero que sólo se sacia realmente cuando entramos en contacto con nuestro ser interior. La desconexión de nosotros mismos y de lo que nos hace daño es lo que nos lleva, inconscientemente, a rebasar el límite y a alcanzar el punto de desgaste donde nuestro cuerpo, y o nuestra mente, terminan por romperse. ¿Y qué evita una adicción? Quererse uno y quererse muy bien. Nuestros valores nos ayudan también porque nos permiten mantener nuestro Norte en la brújula que nos señala si estamos en el camino, o si nos hemos perdido y andamos dando vueltas sin encontrar el rumbo de nuestra vida. Una pregunta de reflexión podría ser:  ¿Qué vacio estoy tapando con mi adicción?


Acciones

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2 responses

5 04 2011
Esther Lobo

Si, aunque encontrarse con el vacio es impactante y doloroso, y por ello nos cuesta reconocerlo y sacarlo a la luz. Aunque esa es precisamente la forma de que se pueda diluir: hacerlo visible… Ya sabes, eso de que lo que resiste persiste y lo que aceptas se transforma.

5 04 2011
Maria Conde Custodio

Me parece impactante la pregunta ¿ Qué vacío estoy tapando con mi adicción? ya que desde ahí es desde donde encontramos la fuerza suficiente para llevar a cabo la acción que puede cambiar el hábito. El voluntarismo, para cambiar un hábito cuando no se ha tomado conciencia de qué es lo que está tapando, dura un tiempo y nos hace rígidos con nosotros mismos, nos maltratamos en este sentido y finalmente abandonamos.

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