Nuestro yo natural y el adaptado

28 03 2011

Nuestros condicionamientos nos empujan a menudo a pensar, hablar o actuar por inercia por causas externas más que por propia voluntad. Y no me refiero a una voluntad esforzada sino a aquélla que nace de nuestro deseo y lugar más puro. Esa que hace que nos sintamos a gusto y libres cuando decimos o hacemos algo con convicción, aun a pesar de la opinión de los demás.

A lo largo del tiempo hemos ido forjando una personalidad adaptada que ha ido conviviendo y creciendo junto con nuestra parte natural, esa que esta firmemente conectada con nuestros valores más profundos, y con el buen propósito de integrarnos mejor en nuestro entorno  familiar  y social, donde se nos ha hecho creer que era mejor remodelar algunas de las características de nuestra personalidad si queríamos lograr una mayor aceptación. Algo así, cuya intención inicial es positiva, puede resultar a la larga perjudicial si uno no toma conciencia de lo que le puede limitar en su momento presente. Un ejemplo: si en mi personalidad natural soy rebelde y he adoptado la obediencia en mi personalidad adaptada, por escuchar mil veces lo inconveniente que resulta ser rebelde, sin duda, voy a buscar ser aceptada desde la obediencia. Sin embargo, habrá  un punto de rebeldía natural en directa confrontación con la obediencia que me impedirá sentirme realmente bien actuando desde la obediencia sin prestar atención a mi parte de rebeldía natural. Además, si uno no toma conciencia de los aspectos positivos que tiene un concepto que vemos sólo como negativo, se establecerá una lucha con uno mismo que dará por resultado auto recriminarse por haber actuado de una manera cuando la otra no ha sido tomada en cuenta.  (cuántas veces hacemos cosas de las que después nos arrepentirnos…)  Así, ser rebelde puede interpretarse como crítico, protestón, inadaptado, incómodo …  pero también se puede ver como  inconformista, decidido, inquieto, descubridor, curioso, libre… cosas bastante positivas, ¿no es cierto? Luego pensar que las cosas sólo tienen una cara, y quedarse además en ella como si esa fuera positiva sin ver la otra es tapar y limitar nuestra esencia natural. Es alejarnos de nuestro yo (el natural) y dar paso a nuestro doble (el adaptado). No es cuestión de negar uno u otro, es cuestión de aceptar que existen ambos, hacerlos convivir y decidir cuál de ellos quieres sacar a escena como protagonista y para interpretar qué película.


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One response

5 04 2011
Maria Conde Custodio

Cuando conocemos nuestro yo natural y el adaptado, somos capaces de bailar con las notas del Universo¡¡

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