Cuestión de atención

13 03 2011

Ghandi decía:

“Cuida tus pensamientos porque se volverán palabras.
Cuida tus palabras porque se volverán actos.
Cuida tus actos porque se harán costumbre.
Cuida tus costumbres porque forjarán tu carácter.
Cuida tu carácter porque formará tu destino. Y tu destino será tu vida.”
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Nuestra forma de ver, hablar y actuar son el reflejo de nuestra personalidad profunda. El mundo es una ilusión que cada uno  ve desde su propia ventana. Es la perspectiva y lugar en el que nos situamos para mirar nuestro alrededor. Si eres alegre, el mundo te parecerá feliz, luminoso y dinámico; si eres triste, tu mundo estará lleno de nubes y de oscuridad. Tu percepción del mundo depende de tus gafas “interiores” y cuesta mucho ponerse a mirar las cosas con las gafas de otro porque cada experiencia y vivencia resulta única. No es posible conocer todas las razones por las que unas personas son más alegres que otras, como tampoco la tristeza que acompaña a otros durante toda su vida. Sin embargo, y sin entrar en profundidades, si parece estar bastante claro que las experiencias y hábitos que hemos desarrollado han conformado unas creencias que en muchos casos hacen que funcionemos de manera casi automática y con una programación bastante determinada por la educación y el ambiente familiar en el que hemos vivido. Pero sin tener que remontarnos a los orígenes ni rebuscar tampoco en los porqués de las cosas, nuestra red neuronal resulta que se puede modificar cambiando los pensamientos y hábitos que están haciendo que vivamos de forma pesada, monótona o triste. Empezar por ser conscientes de lo que pensamos y lo que decimos ayuda a darnos cuenta de dónde ponemos el énfasis en nuestra vida. Una propuesta sencilla: dedicar algunos minutos a observar cuántas veces decimos al cabo del día “no puedo” y cuántas veces más decimos “tengo que”, entra otras muchas que resultan muy poco positivas. Esas dos palabras contienen una carga negativa y  exceso de responsabilidad que probablemente nos conduzcan a un enorme agotamiento al finalizar el día. Poner atención a lo que hacemos y decimos es una tarea difícil cuando no se está acostumbrado aunque en realidad si lo piensas no es tan complicado porque no hay nada especial que hacer. Sólo observar.
Hay una fábula de un médico famoso porque donde vivía nadie enfermaba. Un estudiante decidió visitarlo para preguntarle como conseguía que todas las personas que allí vivían se mantuvieran sanas y fuertes. El médico respondió: les enseño a comer, dormir y trabajar… Pero yo también como, duermo y trabajo. No, cuando tu comes lo haces pensando en muchas cosas, cuando trabajas mantienes tu mente ocupada en tus problemas y cuando duermes sueñas y te mantienes más ocupado que nunca. Nosotros al comer sólo comemos, al dormir sólo dormimos y al trabajar sólo trabajamos, así nunca enfermamos.
Poner atención y escucharse es una práctica que nos da mucha información sobre nosotros. También cuando uno está estancado asomarse a diferentes ventanas y mirar desde otros lugares da la posibilidad de descubrir  nuevos y distintos matices del paisaje que hasta entonces veíamos.  Se dice que cuando cambias tu forma de mirar las coas, las cosas que miras cambian…

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