Que “nada” interfiera nuestros propósitos

31 12 2016

Llegadas estas fechas de final de año, surge en nosotros la idea de plantearnos nuevos propósitos para el siguiente.

Por lo general, todo se queda en una lista de buenas intenciones que, con un poco de suerte, duran semanas y, con voluntad, un poco más. Aunque… la pregunta es ¿qué quieres que sea diferente este Año que empieza?

Todo lo que te gustaría cambiar, todo lo que te gustaría hacer o dejar de hacer… Un montón de propósitos para estar mejor. Qué lógica previa hay,  desde dónde estoy planteándome mis intenciones. Qué parte de mi se está queriendo manifestar con esos propósitos. Cuál es la necesidad que estoy queriendo cubrir. De qué quiero alejarme o a qué quiero acercarme y para qué. Antes de hacer nuestro listado de intenciones, se trata de identificar la verdadera motivación que hay tras nuestros deseos. Porque la motivación, la ilusión por conseguir algo, no es un pensamiento. Es una conexión con una parte interna que sabe cuál es la necesidad inconsciente que tengo y deseo cubrir.

Cuando digo que mi propósito es comer más sano, dejar de fumar, hacer ejercicio, adelgazar… ¿qué busco ?. Inicialmente, la necesidad de sentirme más saludable, ágil, fuerte, flexible… aunque detrás de ello puede haber una respuesta más profunda y real: la necesidad de mantenerme con vida el mayor tiempo posible. Por tanto, la motivación de querer cuidarme, es: estar vivo.

Cuando digo quiero tener más tiempo para mi. ¿Qué necesito? Hacer lo que me apetece y más me gusta.  ¿Qué mas? Quizás, tranquilidad, no dar explicaciones, estar en mi… ¿Y detrás ? La necesidad de establecer unos límites que protejan mi espacio. Un espacio donde sentirme seguro: estar a salvo.

Cuando mi intención es aprender, mejorar en mi carrera profesional, realizarme y hacer todo lo mejor posible … ¿cuál es la motivación, que me valoren y me reconozcan?  ¿Y detrás?. La necesidad de superación. De sentir mi utilidad y valía en relación a quiénes me rodean: ser suficiente.

Cuándo mi propósito es ampliar mi círculo de amistades, relacionarme con mi entorno familia, pareja, hijos… ¿Qué quiero con ello? Compartir, comunicar, expresar, querer y sentirme querido… ¿Y detrás?. La necesidad de no estar solo o desconectado: sentir que soy parte de “algo más”.

Reconocer nuestras necesidades profundas nos puede ayudar a entender mejor nuestros deseos conscientes pero, sobre todo, nos puede ayudar a entender el resorte que se nos dispara en lo cotidiano, y en nuestras relaciones. Y todas las respuestas profundas están relacionados con”sentir” y con “ser”, un SER instintivo e intuitivo al tiempo.

Pasar de la intención a la acción requiere voluntad y lo que hará que esa voluntad sea firme es entender la motivación que hay detrás de cada deseo. Ante nosotros hay un potencial inmenso de posibilidades queriendo manifestarse. Lo hagamos, o no, está en nosotros, como también está en nosotros la forma de percibir la lógica que hay tras esos deseos. La nueva lógica sería darnos cuenta de que no somos sólo instinto y deseo. Intuir que somos más. Una manifestación de la conciencia queriendo expresarse y reflejarse a si misma en cada forma de expresión que existe en la Tierra.

Cuando la disposición es plena a experimentar y a vivir potenciales nuevos, se despliega un propósito nuevo. Si no nos aferramos a una finalidad, si vivimos dejando que sea el proceso, el camino, estamos ya manifestando y siendo ese potencial, esa intención. Dejar que NADA interfiera en el camino de manifestar nuestro propósito abriéndonos a experimentarlo y vivirlo sin querer interferir en su resultado. Cuando nada hay, todo está por ser. Que nada te interfiera para que todo pueda darse. Nada de juicios, nada de creencias, nada de aferrarse a resultados…  Nada y entonces… flota, fluye.

Desde la NADA, Feliz 2017, y que TODO el potencial de SER se nos manifieste plenamente.





¿Qué tipo de relaciones eliges?

13 07 2016

Lo quieras o no, las personas que te rodean influyen en el resultado de tu vida. Quiénes vamos encontrando a lo largo de nuestro camino son la oportunidad para reconocernos a través de lo que nos muestran sobre nosotros mismos. Lo que Jung dice sobre la proyección de nuestra sombra en los demás. Algo así como ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el nuestro. Las relaciones nos facilitan, por tanto, que el inconsciente (nuestra sombra) pueda llegar a hacerse consciente a través de los demás.

En la adolescencia, los amigos se convierten en nuestro centro de atención. Es una etapa en la que nos sentimos curiosos, expansivos y con ganas de probar, destacar, compartir… Son pocos los amigos que se mantienen a lo largo de la vida y, a cambio, en el transcurso van surgiendo nuevas amistades producto de los entornos en los que nos movemos. Nuestro círculo va cambiando y vamos viviendo diferentes tipos de relaciones, con experiencias positivas y negativas, y ambos resultados pueden ser de lo más productivo, si sabemos interpretar y aceptar lo que nos enseñan.

Podemos saber de las diferencias entre amigos y conocidos por el grado de afinidad, intimidad, disponibilidad, apoyo, empatía y afecto que prodigamos. Hay gente que emplea la palabra amigo para referirse sólo a un conocido y, otros, amigo del alma cuando sienten que es alguien incondicional. Y todo es válido porque no deja de ser sino una percepción subjetiva, una forma de vivir y estar en las relaciones según nuestros valores, creencias, educación, entorno y, sobre todo, la necesidad primaria (seguridad, protección, validación, admiración…) que subyace en cada uno, y que determina el estilo que se adopta en una relación: “doy” o “tomo”. Hay personas que sólo dan y otras que sólo cogen.

La palabra amistad proviene del término amar y es una relación afectiva entre dos o más personas. Entonces, lo primero que habría que considerar en una relación es la capacidad que tenemos de amar.  Y, amar, lleva implícito un sentimiento altruista de dar (se) de forma espontánea y generosa, y una actitud que contempla aspectos de atención y escucha, comprensión, opinión, consideración, participación, respeto y cariño… Ahora, analicemos, ¿cuánto de esto está presente en nuestras relaciones?

Pensemos también cuántas relaciones nos aportan y cuántas nos desgastan; cuántas nos impulsan y cuántas nos frenan; cuántas nos ilusionan y cuántas nos deprimen. Cuántas nos mantienen en la superficie, en el envoltorio y cuántas nos sitúan en lo profundo, en la esencia. Y, quizás, nos demos cuenta de que no siempre nos rodeamos de lo mejor para nosotros; no siempre elegimos lo que nos va mejor, aunque inconscientemente exista un propósito para ello.

Aunque no deje de ser una generalidad, en las relaciones hay una serie de comportamientos que funcionan mejor que otros:

Nos suele ir bien cuando no ponemos en riesgo nuestra dignidad; cuando mantenemos el auto respeto, sin buscar que nos acepten o nos aprecien, menos aún quienes muestran que son incapaces de hacerlo.

Nos va bien cuando no pedimos o exigimos devoción, o entrega incondicional, porque quienes quieren estar con nosotros lo hacen sabiendo que no hay nadie mejor con quien querer estar.

Nos va bien cuando nuestras relaciones se producen de corazón a corazón, reconociendo y valorando a la persona que tenemos delante, sólo por quien es y no por lo que pueda ofrecernos.

Nos va bien cuando nos relacionamos con seres emocionalmente inteligentes, que saben que la crítica, la indiferencia, la susceptibilidad o mantenerse distante son actitudes que no combinan bien ni con la amistad ni con el amor.

Nos va bien cuando elegimos estar con gente que nos nutre, nos mantiene vivos, lo que no significa que no seamos generosos o compasivos con quiénes nos necesitan; significa, sencillamente, cuidarse y saber lo que resulta saludable para uno. Rodearnos de quiénes nos aportan energía para actuar y experimentar; sabiduría para aprender y avanzar en nuestro proceso; alegría para reír y disfrutar de momentos y cosas bellas; afecto para sentir lo que significa el aprecio y la consideración.

No podemos intervenir en lo que aparecerá delante de nosotros. Sí podemos intervenir eligiendo qué hacer y aprender con ello. Hace poco oía decir a alguien que la felicidad es una decisión, y no puedo estar más de acuerdo porque, aún en la adversidad, en lo más horrible y doloroso, la forma de abordar y aceptar lo que nos sucede determina el estado y duración de nuestro aflicción. No podemos evitar el dolor aunque sí el sufrimiento. Y conviene diferenciarlo. El dolor es algo puntual, que no se elige; el sufrimiento es algo duradero, que sí se elige. Tanto el sufrimiento como la felicidad son decisiones, actitudes ante la vida, igual que elegir con quiénes y cómo relacionarnos.





Estado de calma

26 10 2015

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Cuando vemos que alguien atraviesa una situación complicada, o está viviendo alguna turbulencia interna, lo primero que nos surge es intentar calmarlo antes de ayudar a buscar cualquier solución. De forma instintiva, sabemos que el estado de calma ayuda a estabilizar la mente y nuestras emociones.

La vida de prisas y operar con una baja energía de corazón dando mayor espacio al hacer que al ser, es comparable a un vehículo que circula muchos kilómetros con poco aceite. Seguir sin lubricante, aumenta el riesgo de vulnerabilidad y mal funcionamiento. Aprender a enfrentar la vida desde un estado de calma puede ayudar a aumentar el nivel de cuidado y de cariño hacia nosotros, y en nuestras interacciones. También a sentir una mayor calidez y conexión con uno mismo y con los demás. Por supuesto, a reducir el nivel de estrés o ansiedad.

Cuando estamos en niveles altos de ansiedad o estrés, hay una parte de nuestra identidad conectada al instinto, que nos hace responder de forma automática y vehemente ante situaciones que nuestra lógica asocia a circunstancias diversas: luchar para sobrevivir o no perder lo que se tiene; sentirse protegido y seguro, competir para ser valorado; y relacionarnos para aminorar el sentimiento de vacío.

Cuando operamos en modo calma es más fácil darse cuenta de dónde se encuentran nuestras fronteras actuales, y  mantenerse disponible en una actitud que recree mayor fluidez y liviandad en nuestra rutina diaria.

La fluidez es un resultado de mantener la calma, y equilibrar la cooperación entre la mente, las emociones y el cuerpo. Cuando estamos en calma, es más fácil observar y darnos cuenta de nuestros análisis y juicios, y las emociones en las que desembocan, si los alimentamos. Cuando perdemos la conexión con nuestro centro, la mente y las emociones pueden volverse caóticas y obsesivas hasta conducirnos a situaciones de estrés, y sus consecuencias físicas.

Operar en modo calma no sugiere ir despacio, ni tampoco estar en relajación permanente. Significa una mayor atención para calmar nuestro lenguaje interno y corporal. Las reacciones mecánicas son producto de no observarnos y no cambiar la lógica de la percepción que estamos teniendo acerca de algo. Practicar la calma interior consciente es un preámbulo para prepararse ante lo que llegue, ya que nos conduce ante nuestra propia presencia, y también a ser más capaces de soltar y dejar ir pensamientos improductivos, consecuencia de repetir patrones neurológicos, y dejar espacio a que surja algo diferente y nuevo desde el no juicio y la intuición.

Técnica para encontrar mayor calma interior:

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1: Si estás mal, reconoce donde están tus fronteras. Date cuenta de lo que estás sintiendo y métete de lleno en la experiencia de sentir lo que sea: frustración, impaciencia,  ansiedad, enojo, apatía, tristeza, crítica, enjuiciamiento, etc… No quieras cambia ningún sentimiento. Tan sólo observa y se consciente de tus límites en estos momentos. Acéptalos sin hacer valoración alguna.

2: Toma un tiempo para respirar y llevar tu atención a la inhalación y a la exhalación del aire en el centro de tu pecho. Imagina que estás respirando desde tu corazón y deja que el ritmo baje, siendo cada vez más lento…   En cuanto pones tu atención en la respiración, el ritmo del corazón se estabiliza y ayuda a restablecer un equilibrio y calma entre tu mente y emociones.

3: Cuando estés haciendo la respiración centrada en el corazón, imagina que con cada inhalación, atraes hacia ti un sentimiento de calma interior, infundiendo equilibrio y autocuidado. Y, con la exhalación, sueltas y das salida a lo que no necesitas tener en ti. Cuando tu respiración se hace más tranquila, tu mente y tus emociones se tranquilizan también y el circuito mente-emoción-cuerpo se reequilibra.

4: Cuando los sentimientos estresantes se han calmado, haz la intención de mantener tu estado de calma al retomar tu actividad diaria. Si, a lo largo del día, surge algo que te saca de ese estado, simplemente, se consciente de ello, y retoma tu intención de soltarlo. Sitúate en un punto de neutralidad “0”. No fuerces nada; no intentes tampoco arreglar nada; sólo quédate en ese estado de quietud, en tu respiración. Un estado que te ayudará a discernir mejor tu percepción y, quizás, poder hacer alguna torsión. Un cambio de perspectiva.

Este ejercicio no busca solucionar nada; sólo ayudar a entrar en un estado que favorece la observación y la atención plena en nuestros pensamientos y emociones. Sin juzgar si es bueno o malo; sin querer cambiar la realidad del momento que uno vive. Sólo a través de darnos cuenta de nuestro patrón de funcionamiento y de reacción, que no es sino la expresión de una percepción y unas circunstancias, podamos abrazar y soltar a un tiempo cuanto creemos ser. Podamos darnos cuenta de que somos y no somos al tiempo. Desde la nada, desde el vacío, podamos comenzar a expresarnos con mayor intuición y claridad.

El estado de calma ayuda a tomar conciencia de nuestra naturaleza mental y emocional y, quizás, entender lo que hay detrás, aunque el primer objetivo es conseguir un equilibrio que nos ayude a prevenir y eliminar el estrés y algunos escenarios incómodos.

Cuando estamos en estado de calma, nos predisponemos a estar abiertos. Y entonces “buscar” da paso ”a encontrar”. “Hacer” da paso a “estar disponible”. Algo que nos facilita entrar en contacto con una mayor libertad interior, y una conexión más genuina con nuestra autenticidad y la de otros.





Comunicación efectiva

9 04 2015

Cuando las organizaciones y sus líderes comunican de manera efectiva, se produce un mayor compromiso de los empleados, con el consiguiente impacto positivo en el rendimiento. Nada nuevo hasta aquí; sin embargo, un estudio realizado por la consultora Watson Wyatt, para determinar el impacto de una comunicación efectiva, me da pie a ciertas reflexiones, y escribir este artículo, al sacar a la luz que las compañías que mejor puntúan en comunicación efectiva son buenas en 3 áreas específicas: valentía en afrontar y enfrentar de forma continuada las preocupaciones de sus empleados. Innovación, en la forma de ajustar las dificultades de los equipos a las condiciones del mercado, y un progreso continuado en el método, una disciplina en la ejecución. De esta forma valentía, innovación y método se convierten en valores relevantes para una comunicación efectiva. Veamos algunos argumentos:

Valor. Watson Wyatt, lo define como “ decir las cosas tal como son”, es decir: ser claro.

Y es que la comunicación es atreverse a llegar hasta el fondo; desvelar esos pensamientos ocultos que resultan nocivos, y ante los que los demás son ignorantes puesto que los desconocen.

A menudo, tendemos a evitar las malas noticias, algo que a la larga crea una gran decepción y desconfianza. La mejor manera de construir confianza es mostrar los hechos tal como son. La causa principal por la que la gente abandona su trabajo, o se desmotiva, no es por insatisfacción salarial sino por la relación con sus superiores. Las malas noticias al principio duelen pero es la realidad y saber encarar las situaciones lo que construye madurez y solidez.

Innovación. Crear un entorno favorable para que las personas sean innovadoras es responsabilidad de las organizaciones.

Si quieres algo nuevo, no puedes seguir haciendo las cosas igual. Eso lo hemos oído numerosas veces, pero realmente ¿quiénes lo llevan a cabo?. Las organizaciones deben sentirse bien dejando a un lado lo que están acostumbradas a hacer, para explorar territorios nuevos, animando a sus empleados a hacer lo propio. La innovación no debería estar restringida a productos o servicios sino ampliarse a todo el ámbito del negocio, lo que incluye, indudablemente, a sus equipos. Comunicar en abstracto una visión, abrir ventanas de posibilidades, contribuye a fomentar un modelo de pensamiento innovador. La innovación es un resultado al que se llega cuando el clima y el entorno es favorable a ello.

Método. La importancia de fijar una dirección, establecer un rumbo claro, y dejar que los empleados lo vayan asimilando.

Ser constantes en informar y comunicar de forma regular funciona como el radar de un barco. Con las fluctuaciones y cambios en los mercados, la necesidad por saber lo que sucede es muy alta; desde correos de la dirección, encuentros con instituciones, resultados, video mensajes de personas clave o influyentes, temas relevantes para los empleados… Todo sirve para mejorar el nivel de satisfacción y confort de los empleados, y también para conocer el estado de la organización. La comunicación es fundamental, y su maquinaría debe ser muy eficiente y constante para conseguir ir en la dirección correcta.

Hoy en día todas las organizaciones saben de la relevancia de la comunicación, y tienen al frente a profesionales que ejercen de forma excelente esa labor utilizando todas las herramientas a su alcance. Sin embargo, la asignatura más difícil es que la comunicación se convierta en una herramienta eficiente para personas y equipos, es decir, para las relaciones. Ayudar a los líderes a manejar con eficiencia la comunicación con sus colaboradores es una tarea donde las organizaciones deben poner un mayor énfasis, y el coaching y la formación en habilidades de comunicación y liderazgo pueden resultar excelentes herramientas para mejorar, aunque el punto de partida, sin duda, es la actitud.

La actitud de querer que las cosas sean diferentes siendo claros en las directrices, algo que generará mayor confianza en el equipo; la actitud de confrontar diferencias desde el debate, y no desde querer tener razón, lo que propiciará un clima de autenticidad y poder escuchar todas las voces. La actitud de compromiso mediante la aceptación de las decisiones clave, lo que generará avanzar sin vacilaciones. Y la actitud de responsabilidades mutuas. Rigor no sólo por lo propio sino por lo que hacen los demás, y que impacta en el resultado final.

La comunicación es un elemento indispensable en una organización pero no olvidemos que los canales que utilizamos para ello son tan sólo el medio. Es el emisor quien ha de saber cómo comunicar de forma efectiva, procurando que la comunicación sea un vehículo para construir y mantener un equipo sano y funcional. El mayor impacto no es lo que comunicamos sino cómo y desde el lugar que lo hacemos.

¿Cómo de claro comunicas?
¿Qué clima propicia tu forma de comunicar?
¿Cómo de constante y metódica es tu comunicación?

 

Esther Lobo
Consultora | Formadora | Coach





El corazón de las palabras

30 12 2014

Las palabras importan. Reflejan nuestros pensamientos. Son un espejo de nuestro estado de ánimo y de las emociones que predominan en nosotros. Los silencios también son una muestra de nuestro sentir y, a veces, impactan más que las palabras.

palabras-del-corazonHay palabras que resultan mágicas porque nos transportan al mundo de la ilusión y los sueños; otras, actúan como estímulo e impulso para ayudarnos a avanzar; hay palabras duras que te enfrentan a una cruda realidad; otras resultan innecesarias, y las hay hasta despiadadas porque te conducen al mismísimo infierno. Tan importante como las palabras es la intención que hay tras ellas, y también el espacio y valor que les otorgamos. Cuando tomamos las palabras como algo personal es cuando, para bien o para mal, obtienen mayor fuerza y poder.

Ahora que finaliza el año, y el 2015 anda tan cerca, quiero compartir contigo unas palabras, y su significado para mi, y que he escogido con el propósito de que me acompañen cada día del Año Nuevo, y se hagan bien fuertes y poderosas hasta nspirar con mayor claridad mi forma de actuar, decidir y saber con quién caminar.

Te invito a que que crees y hagas tuyas las que resuenan con tus deseos.

ATREVERME, a decir lo que SÍ quiero, y mostrar mis deseos con voz y paso firmes. A realizarme haciendo lo que verdaderamente me gusta, sin miedo a lo que sucederá mañana. Aunque dude, aunque tiemble, aunque a ratos sienta incomprensión o soledad. Atreverme a hacer aquello que aun no he hecho y tanto anhelo. Atreverme a recuperar mi espontaneidad, sin disculparme o sonrojarme por ello. A mantener abierto mi corazón,  y a vivir con amor y plenitud cada instante de mi vida.

CONFIAR en mi, en los demás, y en la vida. En mi y en mi gran fuerza interior que me dice saber más de lo que yo misma creo saber si me muestro intuitiva. En los demás, en quiénes ya conozco y a quiénes no conozco aún. En la vida y en los caminos que me muestra para seguir aprendiendo y creciendo. Confiar en que cuando algo se acaba es porque algo nuevo empieza y lo que llega siempre resulta mejor En soltar porque las cosas llegan a su tiempo.

DESCUBRIR,  que lo que me aleja de lo que quiero es en realidad el miedo a conseguirlo. Que no gustar a otros no es sinónimo de algo malo en mi. Que mis pensamientos generan mi realidad. Que ser compasivo significa conectar con tu corazón y entender que no somos tan distintos, aunque vivamos y experimentemos roles tan diferentes. Que la abundancia surge si desaparece el miedo. Que tomar conciencia de quién soy, y el espejo en otros de quién creo ser, es lo que me ayuda a crecer.

AGRADECER,  lo que soy y lo que la vida me da. Que lo que consigo siempre es más de lo que pierdo. Agradecer a quiénes ya no están por todo cuanto me enseñaron y dejaron en mi. A quiénes siguen a mi lado porque miran más allá de lo que ven. A ese sentimiento interior que me impulsa a amar la naturaleza y a los animales e incluso ver (a veces) con ojos de comprensión lo que menos me gusta en otros. Agradecer a todos los seres generosos que me han ayudado y me ayudan de corazón. A quiénes me guían, me sostienen, me empujan, me soportan, me hacen reír y quieren estar junto a mi compartiendo lo que surja. Agradecer el tiempo pasado y el que está por venir.

Que nuestras palabras sean un reflejo de lo mejor en nosotros. De corazón. ¡Feliz 2015!  

 





El regalo de viajar

30 07 2014

A quiénes nos encanta viajar, además de curiosidad, es probable que nos una también el deseo permanente de  indagar, experimentar, conocer, aprender… No deja de ser más que una metáfora de la necesidad de hallar respuestas al viaje de la vida.

Nómadas o sedentarios, todos emprendemos algún viaje si bien las modalidades de realizarlo pueden ser algo distintas. Unos, investigan, experimentan y viven intensamente los itinerarios por los que transitan; son los inquietos, los que desean siempre encontrar  algo nuevo o diferente, que les ayude a comprender  y dar un sentido de utilidad al recorrido. Otros, tras emprender trayectos cortos y probar, se asientan y dejan de buscar porque donde han llegado es suficiente. Algunos, ni siquiera se cuestionan ir más lejos de donde les ha tocado estar porque es ahí donde encuentran su mayor reto.

Para los aventureros, viajar es una imagen, un símbolo de aspiración incompleto. Es el anhelo que nunca se sacia porque lo que buscan es sentirse completos, rozar la totalidad. El verdadero viaje, sin embargo, no es ejercer una huida permanente o un sometimiento empobrecedor. Es evolución. Es superación. Es transformación. Y no todo es gozo pero sí hay satisfacción por seguir el instinto, la voz interior que impulsa la búsqueda.

Campbell, en su viaje del héroe, habla de las coincidencias que surgen de mitos, personajes de historias y leyendas de diversas culturas ante el dilema de la existencia. Desde un punto de vista iniciático, no hay camino del héroe si no hay encuentro con la sombra, un descender hasta los infiernos para confrontar demonios y descubrir todas las posibilidades del ser desde la oscuridad hasta la luz. Repasando arquetipos y mitos desde la antigüedad, los héroes son seres brillantes y oscuros a un tiempo; se transforman de príncipes a vagabundos, de luchadores a pacifistas, de ignorantes a maestros, de verdugos a víctimas… Y esa es la riqueza de la experiencia. La dualidad del péndulo que nos mueve de un extremo a otro experimentando roles y emociones hasta encontrar un lugar orillas donde asentarse.

Emprender un viaje requiere sentir  y aceptar la llamada, relacionada con un propósito. Requiere salir de una zona de confort para adentrarse en lo desconocido y emprender un proceso de iniciación mediante las experiencias que encontraremos a lo largo del camino. Y, al finalizar, el retorno: volver a casa con la recompensa de lo encontrado. Todo viaje encierra un anhelo profundo de retorno al origen. Una búsqueda activa del lugar al que pertenecemos.

Queramos o no, la vida es un viaje que podemos hacer como héroes o antihéroes, según escojamos arriesgarnos y actuar, o someternos y esperar. No hay manera de evitar la travesía; lo único que cabe es elegir cómo hacerla. Salir a su encuentro, cuando surge la llamada interior o permanecer a la espera hasta que el desafío te encuentra a ti.

Si decides seguir la llamada, cuando regresas ya nunca vuelves igual; algo ha cambiado. Tú has cambiado. Te has transformado. La alquimia es la magia y regalo de todo viaje.

¿Qué cambio quieres ver en ti tras ese viaje a punto de comenzar?

 

Little star, never forget who you are …  Pequeña estrella, nunca olvides quién eres…

 

 





El ciclo del cambio

4 04 2014

Ante una situación de crisis, el estado de bienestar se rompe abriendo paso a una fase de negación de la realidad en la que se intenta que todo permanezca igual que antes.

El estado de bienestar es aquel en el que las cosas me gustan como están: el trabajo me ofrece las experiencias que deseo; la pareja que tengo es la pareja que quiero; encuentro apoyo en mis amigos. Si tengo barco, salgo a navegar sin pensar en que haya barcos mejores, y me centro en disfrutar del viento, del sol y el mar. Todo transcurre de forma tranquila y placentera.

Pero las cosas cambian… y llega una crisis. Un punto de no retorno que hace que las cosas no sean igual. Si es una crisis traumática, la fase de negación ante el cambio es más corta porque la realidad resulta innegable. Pero otros cambios, como una crisis de identidad, suelen ser lentos y acumulativos. Algo va mal, después vuelve a ir bien, aunque no del todo…

Un ejemplo: mantengo una fuerte discusión con mi pareja, tras lo cual todo parece volver a la normalidad pero llega otra discusión más fuerte que la anterior, y otra… y otra…  Y la unión que mantenía se va debilitando hasta que me doy cuenta de que las cosas no son como solían ser. Y la relación se deteriora, no de forma drástica pero sí con tantos altibajos que ya no estoy disfrutando de la relación como antes, aunque aún permanezco en esa fase donde creo posible mantenerme en un esfuerzo medio relajado. Me digo a mi misma que la relación aún resulta lo bastante aceptable porque, total, en las relaciones siempre surgen fricciones.

Anclado en la negación sueles resistirte a la realidad; si sales de la negación puedes ser capaz de ver que lo antiguo no sirve y moverte hacia la renovación, donde encuentras la inspiración para emprender nuevos caminos, y donde aparecen posibilidades entre las que escoger siguiendo parámetros de realismo y motivación. El llamado efecto “ajá” que es lo que nos puede impulsar de nuevo hacia el bienestar.

Ante cualquier cambio, y  para salir de la crisis, existe un punto crítico desde donde poder saltar al siguiente nivel porque transitamoss en cuatro ciclos: bienestar, negación, confusión y renovación. Esto puede  transcurrir en horas, si se trata de una decisión, o en años si es una crisis de identidad. En la fase de bienestar donde parece que estar ahí es sentirse razonablemente bien, donde si tu estás bien yo estoy bien, y donde no quiero cambios porque las cosas como están ya me sirven, la pregunta a hacerse sería: ¿es ya suficiente?

En la fase de negación, donde los sentimientos no están claros pero existe control, tensión, irritación, no quieres cambiar pero te sientes prisionero de la necesidad y no ves alternativas, la pregunta sería: ¿qué parte de mi realidad no me gusta y no afronto?

En la confusión, te sientes enfadado o triste, y temes que tus emociones te desborden. No sabes cómo actuar pero sabes que hay algo que cambiar, la pregunta sería: ¿qué tengo que soltar, cuál es mi deseo oculto?

En el último ciclo, la renovación, te abres al cambio, expresas sentimientos de forma libre, y aparece el deseo de que aparezcan cosas nuevas en tu vida. Y aquí la pregunta sería: ¿a qué me comprometo?  Es el salto a la fase de bienestar. Cuando uno se encuentra en un estado de satisfacción, la puerta permanece abierta; cuando estás en la fase de negación o resistencia, congelado, y sin dar el paso de afrontar la realidad, la puerta está cerrada, negándote la posibilidad de renovar tu vida y sentir bienestar.

Es el ciclo del cambio y nos movemos del contento a la pérdida, negando lo que se desmorona para mantener un status quo que sólo finaliza al aceptar la evidencia de la realidad y querer abrirse a nuevas posibilidades. Entender este ciclo puede ayudar a enfrentar cualquier cambio, tanto personal como organizacional. Todo parte de querer, poder y atreverse a dar el salto al siguiente nivel. Todos tenemos los motivos más extraordinarios para querer ir hacia delante cuando se trata de buscar cosas como la felicidad o dar sentido a nuestra existencia. Lo contrario no es más que una excusa para no cambiar.

Libro recomendado: “The four rooms of change” de Claes Janseen